Dedicatoria que es de justicia, al buen Maese de T'egenès.

"Observando durante cien noches sin estrellas la torre de mi Abadía, comencé a atisbar un sonido que me llevaba a imaginar gruñidos y graznidos, impropios de los habitantes de la urbe. Bueno, por lo menos, de algunos. Así que, intentando avanzar en la investigación, y aprovechando que desde mi estancia en la misión en territorio de infieles no puedo dormir (además de otras molestias no muy higiénicas), me aventuré a buscarle solución.
Preparé los útiles necesarios: una buena garrota, ya que nunca se sabe qué puede haber allá arriba, una capa para engañar al frio y una garrafa de un aguardiente de uva que resucita a los muertos y también engaña al frio. Comencé a subir y contar los peldaños de la escalera y al llegar a la número 235 me comencé a reir por una ocurrencia que recordé de una confesión del viejo Auitelle, el de la Botica, que tenía referencia con la rima... No pude aguantar una pequeña carcajada, y en ese momento el silencio que me rodeaba se convirtió en verdadero silencio. Algo había pasado que había alterado la paz. Me senté y comencé a pedir perdón a Dios por la ocurrencia malsana que había tenido, rezando las 24.561 jaculatorias que había recogido en mis años de Misiones, bebiendo de vez en cuando para ahuyentar el frio que me llegaba hasta los huesos.
Despues de cuatro horas, mi silencio volvió, y con él, el silencio ruidoso que había dejado de escuchar. Continué subiendo y el murmullo fue aumentando, hasta que en los últimos escalones fui agachándome para que no me delataran mis pasos y mis cuatro manos y cuatro pies. Y ví lo más sorprendente del mundo, ya que no había nadie, pero el murmullo seguía. Descubrí, en la penumbra de un rincón, el origen del murmullo, polifónico y amplio, con palabras y frases con sentido, sobre la vida, la magia, la muerte y la cocina y el vino. Estaban hablando cuatro estatuas, cuatro Gárgolas, entre las cuales estaba Germán, como le llamaban los del pueblo, que se había bajado del canalón. El humo que había entre ellas me ocultó de sus ojos de piedra, a la vez que juraba dejar de beber el aguardiente, promesa que no he podido cumplir en mi vida, debido a las tentaciones continuas del maligno..."
Esto es un fragmento del Libro "Confabulaciones de Seres Extraños" del gran Abad (por el tamaño se entiende) Maese T'egenès al que he podido tener acceso de forma subrepticia y asombrosa donde las haya, que no viene al caso. Sus folios han podido ser recuperados gracias al "crossing book" o al menos quiero entender que ese Libro lleno de estos pliegos que se encontraban en la capota de un coche no tienen nada que ver con los gritos posteriores que llamaban a la Policía y a alguien más...
Curiosa vida la de este hombre, cuya longevidad la achacan los expertos o bien a su largo tiempo que en su juventud estuvo en las Misiones, donde el hechicero de la Tribu le quería demostrar su superioridad mediante la aplicación de sus conjuros, o bien a una errata del Registro del pueblo donde murió, no habiendo acuerdo entre ellos.
No por estos detalles ha de ser un desconocido aquel que avanzó tanto en el estudio de estos seres tan extraños y curiosos. Es por esto que este Blog está dedicado a él, por descubrirnos que las palabras llenan rincones (como más adelante se puede leer) o la transmigración de las Gárgolas mediante redes desconocidas de energía para sus reuniones y tertulias en las Azoteas (recuérdese el Capítulo en que cuenta la conversación con la Gárgola que no existió, con Gárgolas piratas o Gárgolas insectos (libélulas y orugas)... A él se debe la acepción de "Gargoliana", como "Tertulia de gárgolas"
Sólo me queda dar las gracias por sus escritos, injustamente vilipendiados por los bienpensantes (recordemos que ya los constructores de guitarras le querían cobrar una tasa por haber ecsrito las canciones que animaban las tertulias) y lamentar la perdida de los Folios 25 al 27 por una inoportuna rafaga de viento en su última adquisición.
Loor al Maese T'egenès, pionero de muchas cosas y experto de lo que no se puede contar...
Buenas nubes tengan, Damas y Caballeros, y buen retorno en sus transmigraciones...


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